La aldea perdida de Tresmonte - Senda Cultural Manuel Fernández Juncos
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| Tresmonte años 50 de SXX |
Un antiguo camino real, que pudo haber sido antes una vía romana (el ramal de Arriondas a Ribadesella), que recorría las poblaciones de la margen oeste del Sella hacia la costa, y que después fue un tramo del camino interior de Santiago hacia Covadonga y San Salvador, antes de caer en desuso tras la construcción del puente sobre el Sella a finales de SXIX.
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| Capilla San Agustín |
Divididas entre el barrio de abajo situado en Ribadesella y el barrio de arriba en Parres, se repartían las numerosas viviendas, cuadras, cabañas, hórreos y paneras. Mientras que los vecinos compartían una bolera, un bar, una escuela rural para enseñar a sus hijos y una capilla dedicada a San Agustín donde tenían lugar las celebraciones religiosas de la aldea. Mientras que para enterrar a sus fallecidos los vecinos ayudaban a llevarlos a hombros por un sendero de 3.7 km hasta el cementerio parroquial de la Iglesia de Moru.
A lo largo de siglos, sus vecinos formaron una comunidad rural unida, que se esforzó en aprovechar los recursos del entorno cultivando la tierra y aprovechando el monte de forma tradicional. Se dotaron de variados ingenios entre los cuales hubo nueve molinos, una ferrería, telares, un batan y un buen número de llagares para producir alimentos, ropas, herramientas y hasta carros del país. Pudiendo encontrar hoy en el territorio restos de este interesante patrimonio preindustrial.
Durante el siglo XIX y principios del XX, como en muchos pueblos asturianos, parte de sus hijos emigran a America en busca de un futuro mejor, siendo su emigrante más destacado D. Manuel Fernández Juncos, nacido el 11 de diciembre de 1846 en Tresmonte de Ribadesella. Aquí pasa sus primeros años y a partir de los seis asiste diariamente a la escuela de Moru donde aprende a leer y a escribir hasta que, con diez años, emigra a Puerto Rico para llegar a convertirse en una de las figuras más relevantes de su historia.
En aquella época, vivían en Tresmonte un buen número de familias. Según el censo de 1889, solo en el barrio de abajo de Ribadesella estaban empadronadas 65 personas. No es hasta el comienzo del éxodo rural, a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo, cuando sus vecinos comienzan a disminuir, encontrándose hoy la aldea casi totalmente despoblada.
Máximo González Aguilar, Sociedad Etnográfica de Ribadesella.


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