De la pequeña escuela rural de Moru a referente cultural de Puerto Rico - Senda Cultural Manuel Fernández Juncos
La enseñanza primaria se organizaba entonces en
tres divisiones. La primera, destinada a los niños de seis a ocho años, se
centraba en el aprendizaje de las letras y la lectura elemental; la segunda, de
ocho a diez años, buscaba afianzar la lectura y la escritura mediante
ejercicios continuados; y una tercera etapa completaba la formación con el
perfeccionamiento de los distintos tipos de letra más utilizados en la época.
Manuel Fernández
Juncos abandonó Asturias con apenas diez años para emigrar a Puerto
Rico, por lo que probablemente alcanzó a cursar las dos primeras divisiones de
esta enseñanza elemental antes de emprender el viaje que marcaría el rumbo de
su vida.
Décadas más tarde, durante su primer viaje de regreso
a Asturias en 1885, visitó junto a su padre la escuela donde había recibido aquella
instrucción primaria. El recuerdo de aquel lugar quedó reflejado en una de sus
obras con una mezcla de ironía, nostalgia y crítica hacia los métodos
educativos del siglo XIX:
“Mi padre se complacía también en
mostrarme todo cuanto pudiera hablar más vivamente a mi memoria. Me llevó a la
escuela de la vecindad, a la misma casita de blancos muros y numerosas ventanas
verdes, donde me habían hecho aprender, a palo limpio, los rudimentos más
esenciales de la instrucción primaria.”
Fernández Juncos describe al maestro como una figura
severa y temida, símbolo de una escuela en la que el castigo físico formaba
parte habitual de la enseñanza. Al reencontrarse con él, observó que seguía
educando del mismo modo a las nuevas generaciones:
“Cuando llegamos a visitarle estaba
precisamente zurrando la badana a uno de sus nuevos discípulos. Tarea que hubo
de suspender con manifiesta contrariedad para recibir nuestra visita.”
Sin embargo, el antiguo maestro recibió con afecto a
quien había sido su alumno y lo presentó ante los niños como ejemplo de
estudiante aplicado y juicioso. Así evocó el escritor aquel momento:
“Mientras el irritable pedagogo iba
diciendo estas palabras, miraba yo atentamente aquella nudosa vara de acebo,
imagen fiel de la que tantas veces había resonado allí mismo en mis espaldas.”
La humilde escuela de Moru, entonces de muros blancos y ventanas verdes, simboliza hoy el comienzo de la trayectoria vital de un niño emigrante que llegaría a convertirse en una de las grandes figuras intelectuales asturiano-puertorriqueñas del siglo XIX. En aquella pequeña escuela rural se forjaron los primeros aprendizajes de Manuel Fernández Juncos, quien más tarde destacaría como escritor, periodista y poeta, además de convertirse en un firme defensor de la cultura puertorriqueña, de su identidad y de la lengua española en la isla.
José Antonio Somoano Martínez, Asociación Cultural Amigos de Ribadesella



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