La vida en Tresmonte - Senda Cultural Manuel Fernández Juncos
En el marco de los actos programados para reivindicar la figura de D. Manuel Fernández Juncos, el 14 de septiembre de 2025 se organizó una visita su aldea natal de Tresmonte, donde tuvimos el honor de contar con la presencia de uno de sus descendientes, que, como uno de los últimos miembros de esta comunidad rural, nos ofreció el valioso testimonio de la vida de esta aldea que conoció, que les transcribimos a continuación.
“Hola, buenos días a todos; autoridades puertorriqueñas y riosellanas, Asociación Cultural de Amigos de Ribadesella y público en general. Gracias por su visita a Tresmonte, aldea natal de Manuel Fernández Juncos.
Soy José Antonio Llano Tirador, sobrino-nieto de “tío Manuel” como aquí era conocido. Alejandro me pidió que con unas palabras os llevase a esta quintana donde Fernández Juncos pasó los primeros años de su vida. Me produce una emoción y tristeza infinita ver el abandono en que se encuentra nuestro querido Tresmonte.
Hace años que en el pueblo no habita ningún descendiente de sus antiguos moradores. En 1950 vivían aquí 112 personas, repartidas en 21 familias y en 1942, cuando inicié mi vida escolar asistíamos a clase 27 alumnos, todos del pueblo.
Tresmonte no fue la pequeña y pobre aldea como alguien pudiera creer. A principios del siglo XIX había en este pueblo unas 40 viviendas ocupadas, de las que quedan vestigios. Desde la casa Zamozu hasta la Riega de Balmahor, 4km de fértiles tierras que, aunque no llanas, trabajadas con esmero y cariño producían escanda, trigo y centeno a los que desplazó el maíz, junto con judías, patatas, etc. Los más variados productos de la huerta, frutas además de buena hierba y forrajes para el ganado.
Lo mismo la Peña de Toraño que la Cuesta de Moro ricos y cercanos pastos que hasta entrado el siglo XX, estaban cubiertos de ovejas, cabras, vacas y caballos, amén de algún que otro grupo de carneros castrados que producían buena carne y mucha lana. Unas 20 cabañas lindando con el monte común de sólida construcción, más otras por el pueblo y los bajos de las casas guardaban los rebaños del ataque de los lobos que hasta los años 80 del siglo XIX merodeaban por aquí.
Casi todas las viviendas tenían manantiales a poco más de 100 metros para lavar y abastecer la casa.
Todo lo que no era monte común o dedicado a cultivos o prado era castañedo, con castaños injertados de las mejores clases que rendían cosechas impresionantes. Leña había en abundancia, la única energía disponible para cocinar y calentar la casa en aquellos crudos inviernos, ni sombra de los actuales.
Conocí 17 lagares, 5 funcionando, todos con capacidad para extraer más de dos pipas de sidra (680 botellas cada una) que luego en parte se llevaba a Ribadesella en carros del país. Mi padre, al que debo mis conocimientos de aquellos lejanos tiempos no lo vivió, pero yo de niño muchas veces le acompañé a la Taberna de Pepa en Cuevas con barricas (media pipa) y en otras ocasiones con sidra ya embotellada.
Pero no solo castañas y manzanas se cosechaban en Tresmonte, también nueces, avellanas y toda clase de frutas que, en aquellos tiempos, por Asturias, había en abundancia.
Dionisio González, fallecido en 1930, aparte de su casería atendía una fragua en la que no solamente trabajaba el hierro también hacía los mejores carros del país de todo el entorno.
Aquí, en los bajos de una panera, que compraron mis padres, había un rabil para descascarillar la escanda. Mi padre lo conoció todavía montado, yo desmontado en la cocina de una casa de al lado.
También en la Vallina había un telar para crear tejidos, partiendo del hilo que las mujeres obtenían con la rueca y el huso. Más tarde, en el batán, se elaboraba el sayal con el que fabricar los escarpines y ropa de trabajo.
En el riachuelo que discurre por el fondo de este valle, están las ruinas de 11 molinos. Mi padre conoció 7 funcionando, yo solo 5. Molían el trigo y luego el maíz de incluso gentes de otros pueblos. En el molino de mi casa, que fue el último en cerrar, recuerdo venir a la molienda a tres familias de Nocedo y otra de Sinariega.
Aunque no de la talla de Fernández Juncos, también existieron otras personalidades relevantes nacidas en el pueblo, dos ingenieros, tres maestros y un médico que triunfaron en el comercio, como los hermanos Fernández Ruisanchez, o en las Américas.
Los dos hijos mayores de la saga Fernández Ruisanchez, María, mi abuela, y Guillermo siguieron con sus padres, mientras Ramón, Graciano y Elisa embarcaron también para Puerto Rico. Mi abuela se casó en 1896 con Alfredo Tirador y se instalaron en Toriello, pueblo llano y cercano a Ribadesella, en una buena casería, pero carente de todo lo que en Tresmonte había en abundancia y cercano (agua, monte común, castañas, leña o “mulliu” imprescindible para la cama del ganado).
En 1903 Guillermo marcha para Llanes con su madre (su padre había fallecido) y mis abuelos retornan para la casa paterna. Es también por esa fecha cuando regresan sus tres hermanos de Puerto Rico. Ramón se establece en Ribadesella, Graciano en Cangas de Onís y Elisa en el “Castañeu”, a poco más de 200 metros de aquí.
Manuel Fernández Juncos regresa a esta aldea en 1886, a visitar a su padre y por segunda vez en 1912 consiguiendo del rey Alfonso XIII una escuela pública para Tresmonte y unas graduadas para Ribadesella que se construyen en la Atalaya y que aún hoy llevan su nombre.
No quiero cansaros más. Hoy visitaremos Moru donde Fernández Juncos asistió a clase al igual que los niños de Tresmonte y otros tres pueblos cercanos.
MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SU ATENCIÓN.”
José Antonio Llano Tirador


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